En los dos primeros tercios del siglo XV la nobleza, ya alfabetizada, se reunía en palacios de reyes y grandes señores y centraba su actividad en el cultivo de las ceremonias cortesanas y de la poesía, como forma de evasión del desorden sociopolítico imperante. Así nace y se desarrolla la LÍRICA CORTESANA, también conocida como POESÍA DE CANCIONERO, por haberse recogido estas composiciones en hermosos libros en los que el texto se acompaña con frecuencia de una notación musical.
La poesía cortesana castellana del siglo XV tiene su base en la poesía trovadoresca provenzal, y desarrolla, fundamentalmente, el tema amoroso basándose en las convenciones del amor cortés. Pocos poetas escapan de la tentación de cantar al amor: el marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique son los grandes representantes de esta lírica culta y cortesana, en la que los autores derrochan ingenio y buscan el lucimiento formal a través de su dominio de los recursos literarios.

No obstante, es preciso aludir a la presencia, dentro de esta poesía hecha por y para nobles, de una línea temática de carácter DIDÁCTICO-MORAL, en la que el autor reflexiona sobre la fugacidad de la vida y sobre cómo debe actuar el hombre para morir dignamente y pervivir en el recuerdo tras dejar este mundo. La obra que representa esta orientación temática pertenece a Jorge Manrique y su título es Coplas por la muerte de su padre. La información que debéis manejar sobre esta obra lírica se encuentra en las pág. 235 y 236 de vuestro libro de texto.
La más conocida del conjunto de la obra es la COPLA III, que veremos en clase (pág. 229). A continuación os dejo el comentario de aspectos temáticos y estilísticos relevantes en otras dos coplas, para que os hagáis una idea de cómo comentarlas: es importante que las leáis y que os fijéis en lo más relevante de cada una.
Copla 16
¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención 185
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos? 190
¿qué fueron sino verduras
de las eras?
Inaugura la variante temática del desfile militar de muertos ilustres, unos con nombres y apellidos y otros, mencionados genéricamente: su valía en esta vida no los ha eximido de morir. Esta copla y las siguientes, situadas en el segundo bloque de contenido de la obra, están dominadas por las interrogaciones retóricas, como plasmación del tema del ubi sunt. La relación de muertos ilustres está encabezada por el rey don Juan (Juan II de Castilla). A continuación, dos ilustres políticos de su tiempo, los infantes de Aragón (hijos de Fernando de Antequera, rey de Aragón). Ambos eran castellanos y jugaron un importante papel en las intrigas palaciegas de la época. El mayor de ellos, don Enrique, murió en la batalla de Olmedo. Después de estos personajes históricos, el verso 184 inicia las alusiones genéricas, en concreto con los galanes, otra reminiscencia de su poesía cortesana. También en ese verso se inicia la variante temática del esplendor del lujo cortesano, destruido también por el tiempo.
En los seis versos siguientes asistimos a un razonamiento lógico-filosófico. Las anteriores hazañas desembocan primero en devaneos y simples locuras y seguidamente en verduras de las eras, una metáfora que significa algo momentáneo y caduco, que se pudre y desaparece, ya que los vegetales conservan muy poco tiempo su color verde en las eras. Se trata de una metáfora de tipo popular, campesino, que da un valor plástico, concreto a algo tan abstracto como es el poder destructor del tiempo.
Los versos 190, 191 y 192 constituyen un nuevo campo léxico-semántico militar. Es una relación de sustantivos que formaban parte de la terminología guerrera de la época. Destaca paramentos, los atavíos con que se cubrían los corceles en los torneos, y cimeras, los penachos de plumas que remataban los cascos. Manrique, con este tipo de expresiones subraya la idea de que ni siquiera el poder guerrero puede enfrentarse con el paso del tiempo.
La vehemencia con que se expresa el autor responde a su intención de mostrar la insistencia en que no hay respuesta que justifique el inexorable paso del tiempo y su poder destructor: nadie puede pararlo ni explicarlo. De ahí la abundancia de anáforas, paralelismo e interrogaciones retóricas, repetidas una y otra vez, así como la extensa enumeración de elementos de la realidad que aniquila el tiempo a su paso.
Copla 26
Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados 305
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos! 310
¡A los bravos y dañosos,
qué león!
Esta copla es parte del PANEGÍRICO (composición de alabanza a alguien, por sus virtudes) que Jorge Manrique hace a su padre y que ocupa un espacio notable en el tercer bloque de contenido de la obra. Una de las figuras literarias destacadas es la ETOPEYA, asentada sobre una ENUMERACIÓN de las cualidades morales de su padre, cualidades que finalizan y se resumen en el último verso, con la METÁFORA HIPERBÓLICA del león, utilizada para dar valor físico, plástico a cualidades abstractas (la valentía y la tenacidad en la lucha). La EXCLAMACIÓN, las ANÁFORAS y los PARALELISMOS son utilizados para reforzar la idea de INSISTENCIA, de REPETICIÓN sobre las cualidades, las virtudes del padre, que son muchas y dignas de admiración.